13 jun. 2010

Aprendí a reírme de mí







Por qué llamarlo raro, pudiendo decir especial.
Suelo llevar un precioso letrero, en el que pone "gilipollas" en la frente, iluminado como esos carteles enormes que salen en las películas de Las Vegas.
Cometo estupideces día a día, soy torpe como la que más, y poco a poco me voy dando cuenta de lo perra que es la vida.
Ando por la calle, y aunque parezca mentira, siempre suelo quedar mal. Sonrío a desconocidos, señalo sin educación, me río desmesuradamente, vacilo sin tón ni són.
Me hace gracia cuando alguien me dice que soy fea; eso es algo que ya sabía.
Me encanta reírme de esas pequeñas cosas.
Esto es opcional: o ríes, o lloras.
Ríe, llorar es demasiado fácil.


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