29 dic. 2010

13 dic. 2010







Desde mi cielo, observo la hermosura del mar, abro bien los ojos, y vuelvo a observarlo con plenitud.
El viento acaricia mis entrañas y mis pasos marcan el son de una nueva canción, fruto de mi propia imaginación.
Escucho atentamente cuando las olas parten contra las rocas y las nubes me contemplan como si yo fuera su único objetivo al que esquivar.
Un clima casi paradisiaco y una compañía inexistente que me ayuda a no pensar.
Un mundo idílico.
Un mundo a solas.
Y la mayoría de nosotros procuramos estar en compañía de alguien, dependiendo de el, de sus acciones, de sus palabras, de sus detalles.
Necesitamos vivir en compañía.
Mas yo solo quiero estar en soledad, recapacitar sobre mi misma, recorrer cada una de mis acciones y averiguar en cual de ellas cometí algún terrible error.
Y lo conseguí.
Cometí más de un error en cada una de mis acciones.
Sin errores, es imposible recapacitar, sin recapacitar, no hay acciones, sin acciones, es imposible pensar; sin pensar, es imposible que tú existas.

Eres fruto de mi pensamiento.

7 dic. 2010

Mi último aliento.



Después del orgasmo.
Respiro.
Después de marchar.
Lágrimas.
Antes de saborear.
Labios.
Antes de saber.
Ilusión.
Después de olvidar.
Esperanza.
Al que olvidé.
O preferí olvidar.
Durante mi estancia.
Disfrutar.
Antes de la pubertad.
Imbecilidad.
Después de cenar.
Tú.
Después de bailar.
Noches en vela.
Lugar íntimo. Tu piel.